La persona que sufre un accidente de tráfico vive una experiencia traumática. Además de las lesiones físicas, el impacto emocional del suceso puede provocar trastornos emocionales que afectan la vida de la víctima.
Lo inesperado de la situación en el momento del suceso desestabiliza a la víctima provocándole una sensación de confusión y miedo intenso. La mente intenta procesar lo ocurrido y el cuerpo reacciona con manifestaciones propias del temor, como el aumento del ritmo cardíaco, los ahogos, los temblores.
Algunas personas se paralizan, se anulan y son incapaces de reaccionar. Otras, en cambio, entran en estado de pánico y sufren crisis nerviosas. Con más o menos exteriorizaciones, todas las personas que sufren un accidente de tráfico se ven conmovidas y su estado emocional normal se altera.
Las dificultades que las características de los daños y secuelas psicológicas plantean para llevar a cabo una reclamación, pierden efecto si se cuenta con un abogado especialista en expedientes de daños y reclamaciones. Su experiencia y conocimiento de la legislación le permitirá rebatir los argumentos de las compañías de seguros y demostrar la veracidad de los reclamos de su cliente.
¿El impacto emocional de un accidente de tráfico puede provocar consecuencias a largo plazo?
A medida que pasan las horas y los días después del accidente, las emociones de la víctima evolucionarán. No es posible establecer un parámetro para todos los casos. En el nivel emocional las personas son muy diferentes y también lo son sus reacciones.
La gravedad del suceso y de sus consecuencias para todos los participantes, son factores que inciden en esta evolución. Es frecuente que se reviva el accidente y que se sienta culpa, tristeza, ira, ansiedad, miedo, depresión, insomnio. Con tratamiento, los profesionales de la salud intentarán que la persona recupere su equilibrio emocional.
Sin embargo, en muchas víctimas los efectos emocionales de un accidente no se terminan en esos primeros días. Una de las consecuencias a largo plazo es el estrés postraumático.
Se trata de una reacción psicológica que afecta profundamente la vida de la persona que lo sufre. Se manifiesta a través de recuerdos del accidente que irrumpen en su pensamiento y en pesadillas recurrentes. La víctima se siente en constante peligro, incluso en situaciones de gran seguridad real.
La persona puede experimentar cambios en su comportamiento y en la forma en la que se vincula con los demás y con el entorno. Es común que aparezcan ataques de pánico, irritabilidad, dificultades para concentrarse. Algunas personas se niegan a conducir un automóvil o incluso a viajar en uno.
El impacto de los trastornos emocionales que perduran en la calidad de vida de las personas puede trastornar completamente su vida. Las terapias pueden ayudar y poco a poco resolver la situación de la persona. Pero frecuentemente persisten secuelas.
Indemnización por secuelas psicológicas provocadas por un accidente de tráfico
La Ley 35/2015 reconoce explícitamente las secuelas psicológicas provocadas por un accidente de tráfico como motivo de indemnización. Este reconocimiento implica que la persona afectada por el impacto emocional del siniestro, tiene derecho a reclamar una indemnización.
El Baremo de Tráfico identifica explícitamente estas secuelas y la indemnización que corresponde en cada caso. Incluye consecuencias como el estrés postraumático, la ansiedad, la depresión. El requisito para que la persona tenga derecho a una indemnización es que el daño sea acreditado médicamente.
Para cuantificar la indemnización que corresponde al perjudicado, la Ley asigna puntos de acuerdo a la gravedad de los daños. En función de estos puntos, se estima el monto de la indemnización a reclamar.
Criterios legales para la indemnización por impacto emocional de un accidente de tráfico
La indemnización que corresponde a una persona que ha sufrido un impacto emocional por accidente de tráfico se ajustará a criterios legales.
En primer lugar, se compensará por los días en los que la víctima estuvo afectada por el impacto emocional del accidente, aunque no le haya impedido sus actividades diarias.
Si el daño psicológico afectó la capacidad de la persona para llevar una vida normal, la indemnización aumentará según la gravedad. La afectación puede ser muy grave, grave o moderada.
Cuando el daño persiste después del alta médica, se considera que existen secuelas. La indemnización se calcula en base a un sistema de puntos que asigna el baremo de tráfico. El resultado del cálculo depende de la gravedad del trastorno y de la edad de la víctima.
También corresponde recibir indemnización por los tratamientos psicológicos y psiquiátricos necesarios. Igualmente se compensará por pérdida de ingresos, es decir, por lucro cesante, en caso de que no haya podido trabajar.
¿Cómo se reclama la indemnización por el impacto emocional de un accidente de tráfico?
Los daños psicológicos y emocionales pueden no ser observables a simple vista. La víctima requiere de una evaluación con peritos médicos especializados, psicólogos y psiquiatras, expertos en esos trastornos.
Mediante revisiones del historial médico y de entrevistas y pruebas psicológicas específicas, el profesional diagnosticará con precisión los daños y secuelas derivados del accidente.
Los profesionales deberán demostrar y certificar la existencia del daño y su gravedad. Este es un gran desafío para el proceso de reclamación. Para iniciar la reclamación el damnificado debe contar con informes médicos y psicológicos que certifiquen la existencia del trastorno.
Es fundamental que en esos informes se detalle la afectación en la vida diaria de la víctima, porque este impacto definirá la gravedad del problema y de ella dependerá la cuantía de la indemnización.
Además de la documentación de salud, es imprescindible reunir todas las pruebas que permitan determinar de quién fue la responsabilidad del siniestro. El parte amistoso, si lo hay, o el atestado policial, fotografías y vídeos, testimonios, son fundamentales para establecer legalmente quién es el culpable del accidente.
La reclamación se presenta ante la aseguradora del culpable del accidente. La negociación con la aseguradora es un gran desafío en el proceso de reclamación de indemnización.
Estas compañías suelen ser reacias a reconocer los daños y secuelas emocionales y psicológicos. Cuestionan los informes médicos, acusan a la víctima de que exagera en la manifestación de sus trastornos. Por eso, es imprescindible un informe médico minucioso, respaldado por pruebas objetivas que sea indiscutible.




