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Diferencias entre mediación y arbitraje en un juicio

Diferencias entre mediación y arbitraje

Según el dicho popular, “más vale un mal acuerdo que un buen pleito”. Y es que a la sabiduría del pueblo no le falta razón, en el sentido que siempre es recomendable postergar la vía judicial para cuando ya no exista ninguna posibilidad de dar una solución amistosa a cualquier controversia.

Por ello, merece la pena conocer los métodos de resolución de conflictos ajenos a la vía judicial que existen en nuestro país basados en la negociación extrajudicial, analizando, principalmente, la diferencia entre mediación y arbitraje, que son las fórmulas clásicas en nuestro ordenamiento jurídico para la resolución de conflictos.

Diferencias entre arbitraje y mediación

Qué es el arbitraje

El arbitraje se articula como un procedimiento privado de resolución de controversias en virtud del cual ambas partes convienen dirimir sus diferencias ante un árbitro en lugar de hacerlo ante un juez.

Puesto que el procedimiento arbitral se rige por el derecho privado, es mucho más ágil y flexible que la rigidez de un proceso judicial, partiendo de la base de que ambas partes acuerden o convengan optar por esta vía para solucionar sus discrepancias. Es frecuente recurrir al arbitraje en materias como consumo o comercio internacional, existiendo reconocidos organismos arbitrales tales como la Junta Arbitral de Consumo o las Cámaras de Comercio.

El procedimiento arbitral debe seguir unas determinadas normas procesales, bastante más laxas que las jurisdiccionales, que vienen determinadas en la Ley de Arbitraje. Se trata de un procedimiento completamente neutral y confidencial, al recurrir al criterio de un árbitro, unipersonal o colegiado, como figura independiente respecto a los intereses de las partes en conflicto, que serán las que lo seleccionen.

Las resoluciones que emiten los árbitros reciben el nombre de laudo arbitral, y sus disposiciones vinculan a ambas partes en igualdad de condiciones que las resoluciones emitidas por un juez, si bien su aplicación es mucho más ágil y fácil de ejecutar que las sentencias judiciales.

Qué es la mediación

La principal diferencia que distingue la mediación del arbitraje es que, si bien esta última se rige por un procedimiento mínimamente reglado, la mediación no responde a unas reglas precisas sino que se ordena en torno a un fin, que no es otro que ayudar o guiar a las partes en conflicto para que traten de negociar y arreglen sus desavenencias por sí mismas sin que tengan que aducir al auxilio judicial.

Así, el mediador, igual que el árbitro, habrá de ser una persona que actúe con total neutralidad e independencia; pero, a diferencia de este, no tendrá capacidad de decisión, limitándose sus funciones; en esencia, a dirigir a las partes a alcanzar puntos de común acuerdo.

Por ello, no se rigen por normas procesales o procedimentales, pues el fundamento de la mediación no es otro que proporcionar a las personas enfrentadas las herramientas que necesitan para acercar posturas y para que sean ellas las que alcancen, por sí mismas, la resolución a la cuestión litigiosa que mantenían.

La principal desventaja que la mediación puede presentar respecto de otras vías alternativas de resolución de conflictos es que las soluciones alcanzadas quedan dentro de la esfera de la autonomía de la voluntad de las partes, de modo que si fuera necesario ejecutar el acuerdo sería necesaria su previa homologación judicial.

Qué es la conciliación

Qué es la conciliación

Un paso intermedio en la resolución de conflictos es la vía de la conciliación, que se da sobre todo en la vía laboral para dirimir conflictos entre empresario y trabajador.

La conciliación se situaría a medio camino entre arbitraje y mediación; se trata de una suerte de procedimiento de mediación a la hora de que las partes intenten solucionar su conflicto acudiendo a la figura de un tercero imparcial como es el mediador.

Sin embargo, a diferencia del mediador, el conciliador, además de contar con conocimientos específicos en la materia, se asemejaría a la figura del árbitro en tanto que está revestido de autoridad para decidir cuál de las partes tiene la razón, así como para modular las medidas que hayan de aplicarse para resolver el conflicto.

En definitiva, nuestro ordenamiento jurídico prevé vías alternativas para la resolución de controversias a las que en muchas ocasiones no se recurre por mero desconocimiento, y que conviene tener en cuenta como posible modo de aligerar la carga de juzgados y tribunales a la hora de impartir justicia.

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