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Delito de homicidio en accidentes de tráfico

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Por delito de homicidio entendemos la conducta antijurídica que consiste en acabar con la vida de otra persona. Este delito puede ser cometido por acción, es decir mediante una conducta activa, o por omisión, pudiéndose consumar o realizarse en grado de tentativa no consiguiendo su finalidad que es acabar con la vida de otra persona.

En los accidentes de tráfico, estas conductas se suelen incardinar en el tipo de homicidio por imprudencia dado que la conducción de vehículos, dado el riesgo que comporta, exige de un deber de cuidado y de diligencia, que de no cumplirse y tener como resultado la perdida de la vida de una persona, puede conllevar responsabilidades penales del delito de homicidio por imprudencia grave o por imprudencia menos graves, atendiendo a la propia conducta desplegada por el conductor para evitar el resultado y al desvalor de la acción.

El delito de homicidio imprudente en accidentes de tráfico: tipos y consecuencias penales

Como ya se ha mencionado, atendiendo al desvalor de la acción y a la conducta desplegada por el conductor, el tipo penal y las consecuencias jurídicas pueden ser distintas:

Tipo imprudente grave

Artículo 142.1 del Código Penal

El homicidio imprudente grave tipifica aquellos casos en los que, por no adoptar las precauciones y diligencia debida exigible a cualquier conductor, se produce el resultado del fallecimiento de una tercera persona, este tipo penal se objetiva cuando se cumplen los elementos del tipo del Artículo 379 del Código Penal. Es decir:

  • Sobrepasar la velocidad máxima permitida en 70 km/hora en vía urbana o 80 km/hora en vía interurbana.
  • Estar bajo la influencia de drogas tóxicas, estupefacientes, sustancias psicotrópicas o de bebidas alcohólicas. Para ello, debe existir una prueba que determine:
    • Prueba positiva en alguna de las drogas fiscalizadas y ratificadas por España en algún tratado internacional y, por tanto, ilegales.
    • Tasa de alcohol superior a 0,60 mg/l en aire aspirado o de 1,2 mg/l en sangre.

Se pueden agravar las consecuencias de este tipo penal con la figura del homicidio imprudente agravado y por el tipo superagravado.

  • Homicidio imprudente agravado. Cuando se  produce la muerte de 2 o más personas o figuran varios heridos y un fallecido. La pena se fijará desde los 4 años y un día hasta los 6 años.
  • Homicidio imprudente superagravado. El suceso concluye con un gran número de fallecidos. La pena se fijará desde los 6 años y un día hasta los 9.

En cambio, de no concurrir ninguno de los tipos anteriores, se consideraría el tipo básico de imprudencia grave. Este prevé una condena de 1 a 4 años de pena de prisión. A lo que habrá que sumarle la pena de privación del derecho a conducir vehículos de motor o ciclomotores por periodo de 1 a 6 años, pudiendo perder el permiso de conducir de forma definitiva de superar la condena los 2 años.

Tipo imprudente menos grave

Artículo 142.2 del Código Penal

Cuando el homicidio se cometa utilizando un vehículo a motor o un ciclomotor y sea consecuencia de una infracción grave a las normas del tráfico, circulación de vehículos a motor y seguridad vial, previstas en el  artículo 76 del Real Decreto legislativo 6/2015, de 30 de octubre, que aprueba la ley del Tráfico, se estará cometiendo el delito de homicidio por imprudencia menos grave.

No obstante, habrá de analizarse la entidad de la conducta del conductor, debiendo ser suficiente, atendiendo a la consecuencia dañosa y la diligencia adoptada, para poder calificar este tipo de delito, con consecuencias menores que el tipo de imprudencia grave, pero que conlleva una pena de multa de 3 a 18 meses.

tipo imprudente menos grave menos grave

¿Cuándo no se comete el delito de homicidio por imprudencia en accidentes de tráfico?

Un accidente de tráfico con víctimas no siempre conlleva responsabilidades penales para el conductor, como ocurre cuando se dan las siguientes circunstancias:

  • Exposición voluntaria. Sucesos en los que la víctima busca el peligro con su conducta. Por ejemplo, cruzar de lado a lado en una autovía sin tener en cuenta los vehículos que circulan por la misma. En caso de atropello, no se puede atribuir responsabilidad penal al conductor que actúa cumpliendo las normas más elementales de circulación.

En este tipo de casos, también se tiene en cuenta el mal menor y el mal mayor que se puede causar. Si el vehículo que la va golpear tiene la posibilidad de frenar, debería hacerlo. Ahora bien, para ello, se tiene que tener en cuenta que esa frenada no pondría en peligro a otros conductores. Ya sea por inminente colisión o colisiones recíprocas

  • Riesgo no permitido. Esta muy relacionado con lo citado anteriormente. En una autovía los coches circulan a velocidades relativamente altas. Frenar bruscamente en una situación así podría causarle la muerte al propio conductor o generar consecuencias mayores. Por ello, el riesgo no permitido es aquel que la persona no se puede permitir. Si atropella a una persona en estas circunstancias no será responsable de ese hecho.
  • Consecuencia directa de la acción peligrosa de otro. Referido a las situaciones en las que, si bien se observa una conducta peligrosa, no es la causante del resultado lesivo, pero sí la antecesora a él. Un ejemplo sería no adaptar la velocidad en una carretera convencional, de doble sentido, donde no se puede adelantar. Debido a ello, un conductor decide adelantar a este conductor, colisionando en la maniobra con un vehículo que venía en sentido contrario.

En todos estos casos, no existe responsabilidad por el hecho causado. La imprudencia es cometida, en menor o mayor medida, por los perjudicados por el siniestro.

¿Cuándo se considera una conducta imprudente?

Para entender un homicidio como imprudente deben concurrir varios elementos. En primer lugar es primordial que la persona no tuviera la intención de matar, porque de ser así estaríamos ante un homicidio doloso. Por otro lado, la imprudencia requiere que la consecuencia causada fuera previsible y, por tanto, evitable.

Por último, otro factor clave es poder haber evitado la muerte del perjudicado por el accidente de tráfico.

Para ello, el conductor tiene que disponer de medios y circunstancias favorables para poder llevarlo a cabo. Si esto no fuera así, podríamos estar hablando de una causa de exención de responsabilidad, como es la fuerza mayor. Por ejemplo, ver con antelación que se va causar la muerte de un peatón, pero no poder frenar porque no funcionan los frenos.

Dado que este tipo de accidentes son por lo general complejos, lo más recomendable para poder defender sus intereses es acudir a un abogado especialista en accidentes de tráfico.

En Rodriguez Escudero Abogados tenemos amplia experiencia en esta materia, habiendo resuelto numerosos casos de forma satisfactoria.

Contacte con nosotros sin compromiso, realizamos el estudio y la viabilidad de su caso de forma gratuita.

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